Un huracán en escena
Adrián Navarro es un verdadero laburante del arte. Ver «es paria» es una experiencia que vale la alegría vivir.
La obra es dura, personal, crítica, feroz y dolorosa como una fractura expuesta y que a la vez navega entre el humor y la reflexión en una proporción tan equilibrada que nos permite pasar sin esfuerzo, naturalmente entre los temas más diversos y humanos.

Se le atribuye a Bertold Brecht la frase «El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma«. Adrián toma su martillo, enciende la fragua y va forjando desde el primer instante una obra plena donde se da todos los gustos; critica sin miramientos, dice lo que gran parte de la sociedad calla, pero no sólo lo dice, lo grita a todo pulmón, con la claridad necesaria para que nadie quede inadvertido.

Es una obra política, si. Pero también es poética. Tuve la inesperada fortuna de ver la obra desde las alturas del pullman de la sala Caras y Caretas lo que me permitió apreciar la totalidad de la puesta en escena en toda su magnitud. Nada está librado al azar, todo compone el marco apropiado para esta obra. Cada elemento de la escenografía es una desición pensada poéticamente, fruto de una elaboración con sentido, nada sobra, todo se usa, se transforma, se resignifica. La luz dialoga, entra en el discurso, lo sostiene y remarca en el momento necesario.
La música integra el discurso desde la entrada a la sala, preanuncia sin develar, instala al espectador en la atmósfera del vendaval que vendrá, con la dureza del golpe metálico, con las sirenas de advertencia que rompen la rítmica industrial que aletarga los sentidos.
Cada imagen interpela, cada palabra provoca, cada silencio pesa, el humor descomprime y contrasta hasta que tomamos conciencia del motivo que nos hace reír. Y volvemos a empezar el ciclo.
Una obra audaz, sin descanso, precisa. Quiero resaltar especialmente el trabajo actoral meticuloso, de relojería, jugando siempre con el riesgo, por momentos al borde del abismo. Más allá de la encarnación o interpretación, Adrian puede escribir, dirigirse, hablar, transitar, accionar y sentir con propiedad la realidad del trabajador, porque es un laburante incansable, nada de este discurso le es ajeno y eso se vive desde la platea. Su personaje (Fierro) da forma, crea con sus manos, trabaja el metal y mientras da vida a un Quijote o a un perro fiel y compañero, reflexiona, lucha por despertar del letargo, por hacernos despertar de la realidad alienante en la que estamos sumergidos.
No quiero adelantar más de la trama, es una obra para ver y disfrutar en el momento y para conversar, reflexionar y repensar después de verla. Regálense un momento de buen teatro.
Dramaturgia: Adrián Navarro.
Actuación: Adrián Navarro.
Diseño de Iluminación: Manuel Mazza.
Sonido: Facundo Quiroga.
Realizador de esculturas: Omar Toro Músis.
Asistencia Gral: Karenina Collados.
Producción: Sheila Márquez/Reciclaje.
Vestuario: Sasha Músis.
Diseño Gráfico: Norman Ruiz, Liliana Romero.
Asistencia de dirección y colaboración en guión: Iván Domnanovich.
Dirección: Adrián Navarro.
Sala: Caras y Caretas (Sarmiento 2037, CABA)
Domigos 19.30 hs
