
Hace algunos años, cuando la Argentina había resuelto la deuda con el FMI, cuando se rodaban cientos de películas y series por la gestión del INCAA – obras que contaban historias nuestras con la mayor libertad -, en ese tiempo feliz cuando el pueblo podía comprar la comida, pagar un costo razonable por los servicios y tenía opción a la cultura, entonces digo, tuve la enorme fortuna de presentar una de las obras que dirigí en el Centro Cultural Kirchner. Más precisamente en «La cúpula», con un techo de estrellas como marco, con un equipo técnico de lujo, con productores y una gestión que amaban la cultura nacional.
Recuerdo que te recibían los susurradores que con breves palabras te transportaban a universos poéticos, disfrutabas de orquestas, exposiciones, espectáculos y la celebración de la cultura estaba en cada rincón. Encontrabas personas de todos los rincones del país disfrutando gratuitamente de obras de calidad.
En otra ocasión participé del elenco de «Radioteatro para ver» y en una de las funciones los violentos de siempre, los odiadores profesionales, amenazaron ese y otros centros al mismo tiempo. Actores, músicos, empleados y público, más de 1.500 personas debimos ser evacuados y esperamos en la calle a que pase el peligro.
Hoy, como metáfora del cambio y la dominación cultural, es el menos nacional de los personajes, el ratón Mickey, quien te recibe al entrar al CCK, algo que estoy seguro que ni Dorfman ni Mattelart podrían haber imaginado. Pero como frutilla al postre de odio y desprecio deciden por decreto cambiar el nombre del Centro Cultural Dr. Néstor Carlos Kirchner y rebautizarlo, como una nueva e infame provocación el nombre de «Palacio Libertad». Con esa soberbia del niño que piensa que las cosas nacen con él, que nada existía antes de su mirada, así ciertos enanos intelectuales creen que inventan la rueda o la libertad pisoteando la historia y los derechos conquistados con la lucha de generaciones. Habrá mucho por reconstruir cuando estos infantes caprichosos dejen de jugar a romper el Estado, causar dolor al pueblo y otra vez debamos buscar loas herramientas de aflojar los odios, de apretar amores y dedicarnos enmendar lo roto.
